Erase una vez un hombre muy sensible:
Que necesitaba sentir la apreciación y el cariño de los demás para sentirse bien.
Cuando era pequeño, pensó:
La familia es mi felicidad.
Pero pronto vinieron los desengaños su padre se volvió alcohólico y le comenzó a pegar a él y a su madre y un día se desapareció abandónalos y nunca más volvió a buscarlos. Su madre busco llenar el vacío que el padre le dejo con otros hombres. Apenas le hacía caso de niño, o solo lo hacía para descargar su frustración y la rabia que guardaba contra las personas que le habían hecho daño en su pasado. Los hermanos pequeños crecieron con celos y envidia de él y le guardaban un rencor oculto. Hablaban mal de él cuándo podían y se burlaban a su espalda. Le envidaban cada logro que el alcanzaba y se alegraban por cada derrota que sufría. Sus tíos, lo maltrataban de palabra, ofendiéndolo, le comenzaron a pegar, pues él no quería que le faltaran el respeto a sus padres aunque sabía que sus tíos decían la verdad. Le echaban en cara lo que ellos hacían por él y lo que sus padres no hacían por él. Sus primos lo rechazaron y lo envidiaron, siempre para ellos él fue el agregado, era un extraño. Para sus abuelos él se convirtió solo en una entrada de dinero y ayuda para la casa.
Un día él se dio cuenta que no importaba cuan buen familiar él fuera; con su familia no estaba la verdadera felicidad y la fue a buscar en la amistad. Cuando conoció a personas que considero buenos amigos de adolecente pensó:
La amistad es mi felicidad.
Pero pronto vinieron los desengaños, sus amigos lo buscaban solo para pedirle dinero, para divertirse, lo llevaron por malos caminos, de vicios de drogadicción, perversión, crimen y pandillas. Ellos le ataron cadenas muy difíciles de romper. Todos se aprovechaban de él, buscándolo solo para sacarle algo. Más de uno lo traiciono, más de uno lo envidio, más de uno lo enredo, más de uno lo hundió en un abismo.
Un día él se dio cuenta que no importaba cuan buen amigo él fuera, en la amistad no estaba la verdadera felicidad y la fue a buscar en el amor. Cuando conoció a la primera persona que le toco su corazón de joven, pensó:
El amor es mi felicidad
Pero pronto vinieron los desengaños, la mujer solo estaba con el por su dinero, ella termino traicionándolo muchas veces y dejándolo por otro. Así sucesivamente conoció a muchas personas con quienes penso que había encontrado el amor, pero siempre fracasaban todas sus relaciones, por dinero, por sexo, por diversión, por falta de libertad, por celos, por orgullo, por envidia, por diferencias sociales, por discriminación, siempre hubo una razón por la que con ninguna conoció el amor verdadero.
Un día el se dio cuenta que no importaba cuan buen amante y pareja él fuera, en el amor no estaba la verdadera felicidad y la fue a buscar en el dinero. Se puso a trabajar duro y a acumular una gran fortuna. Cuando era súper rico con mucho dinero siendo hombre joven pensó:
El dinero es mi felicidad.
Pero pronto vinieron las decepciones, con el dinero llegaron las responsabilidades, llegaron las personas interesadas, llegaron los enemigos, llegaron la avaricia, el deseo de tener más, los vicios regresaron y la moral decayó.
Un día el dinero todo se acabo y allí quedo el solo y sin nada y pensó que no importaba cuanto poseyera en este mundo, en el dinero no estaba la verdadera felicidad y la fue a buscar en la sabiduría. Se puso a estudiar muchas materias, filosofía, teología, sicología, historia, religión, geografía, física, química, anatomía, astrología, matemáticas, artes. Cuando el considero que era un genio por todo el conocimiento adquirido como hombre adulto pensó:
La sabiduría es mi felicidad.
Pero pronto vinieron las decepciones, con todo el conocimiento adquirido aumento su ego y su orgullo, nadie era mejor que él, nadie sabias más que el nadie tenía la razón sino era él. La soledad y la depresión se adueñaron de su alma. Todos lo respetaban pero ninguno lo amaba.
Un día se dio cuenta que no importaba cuan inteligente fuera, en la sabiduría no estaba la verdadera felicidad y la fue a buscar en el poder. Se dedico a la política, fue subiendo y subiendo y llego a estar a la cima del mundo. Cuando estaba sentado con todo el poder en sus manos como hombre maduro pensó:
El poder es mi felicidad.
Pero pronto vinieron las decepciones, con el poder llegaron las altas responsabilidades, los conflictos de intereses, la dedicación a las personas. El ego llego a su máximo esplendor. Pero también su deseo de dirigir y ser un buen líder. Hizo muchos cambios para el beneficio de las personas, abogo por la constitución de una verdadera familia, condeno el crimen, abogo por la protección y conservación del planeta, flora y fauna, abogo por el bienestar del hombre en la salud y la educción, en igualdad de razas, y clases sociales.
Pero un día ya todos, con el no estuvieron de acuerdo y se dio cuenta que en el poder no estaba la verdadera felicidad.
Entonces se sintió perdido y le pidió a dios que le mostrara el camino. El se retiro a vivir en una pequeña ciudad al lado de un bosque, comenzó a llevar una vida muy humilde, con solo lo necesario para vivir y estando tan solo comenzó a buscar de dios, a leer y hablar con él, a seguir sus preceptos, ayudar al prójimo, brindar buenos consejos, ayudar e interesarse por los problemas de su comunidad, asistir regularmente a la iglesia, formar parte de grupos de ayuda y emergencias. Le entregaba todo lo que la tenia a los demás solo por ver la satisfacción de felicidad que causaba en ellos. Se hizo muy querido por todos y lo comenzaron a llamar el buen samaritano. Una joven mujer que conoció en sus labores, se enamoro del él, y no por lo que poseía, pues el no tenían nada, pero si se enamoro por la persona en que él se había convertido, ella se enamoro de la belleza de su alma. Ellos se casaron y establecieron un negocio pequeño de ventas de libros, recorrieron el mundo juntos y tuvieron dos hijos. Entonces el hombre ya viejo, un día se sentó en un tronco de árbol a mirar a sus dos pequeños gemelos, un niño y una niña como jugaban y corrían. La risa que desprendían de sus labios, le alegraba su viejo corazón y en aquel instante pensó:
Gracias dios mío, gracias a ti hoy, yo soy feliz. Hoy se que nada de lo que tuve antes importo porque me faltabas tu, hoy se que una vida entera sin ti no tiene sentido y que lo único verdadero y eterno, donde no hay decepción alguna eres tu, hoy se que tú me has transformado y has perfeccionado mi vida y solo por medio de ti, puedo decir con toda seguridad que he conocido la verdadera felicidad, entonces grito:
Dios es mi verdadera felicidad.
En el día siguiente al amanecer la esposa del hombre, lo encontró profundamente dormido con una bella sonrisa en los labios. Ella lo llamo pero el ya no despertó.

